Bienvenidos al mundo de las regatas, de la competición en barco de vela. Este libro está dedicado al antiquísimo deseo de medirse con el mar, entre balizajes, islas, incluso continentes, solamente con el impulso del viento en las velas.
Tener como juez el viento y un lado del horizonte siempre abierto, hacia el infinito. Ésta es la peculiaridad insuperable del deporte de vela. Tienen mucho que decir los meteorólogos sobre la previsión de la dirección y la intensidad del viento. Es perfectamente previsible a gran escala, pero en lo que nos confiere, quizás mejor tendríamos que decir, que dicha escala no es lo suficientemente pequeña como para reducir una regata a vela, independientemente del lugar donde se dispute, a una partida de ajedrez. En el transcurso de una regata, desde la más breve entre los balizajes delante de la costa, a una que prevé la circunnavegación del globo, un patrón tiene que tomar un número incalculable de decisiones que están relacionadas con el puro instinto. Quienquiera que haya ¡do alguna vez sobre una barca de vela por cualquier mar del mundo, se encuentra rápidamente inmerso en una agradable armonía con ese tipo de navegación, como si lo reconociese en el interior del propio yo, como una cosa natural, casi como lo es el caminar. Para muchos regatistas refinar el propio talento es aprender a escuchar y potenciar ese instinto antiguo, un proceso que quizás puede requerir mucho tiempo, como demuestran las victorias en las regatas más importantes de campeones que están más cercanos a los 40 que a los 30 años de edad. Lo que quizá impacta más, siguiendo la navegación de las próximas páginas, de un lugar a otro del planeta navegando a vela, es la cantidad de puntos de contacto que hay. Porque la família de los regatistas a nivel mundial, está mucho más unida y compacta de lo que se cree.
El estímulo de la competición afina sobre todo la búsqueda. Se nos mide por maniobras ¡guales realizadas sobre cascos rigurosamente uniformes, para demostrar inequivocablemente quien es el mejor regatista, o bien se fijan las reglas y después se deja vía libre al desarrollo de la creatividad, para demostrar quien es el mejor marinero. Aquel que sea capaz no solamente de hacer que su barco vaya veloz, sino también de hacerla más veloz, de mejorarla, detalle tras detalle, ola tras ola, caricia tras caricia.
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