Hay algo que las fotos de Marcos Zimmermann apresan al vuelo y que, sin embargo, se escurre de toda escritura con la insolencia del mercurio: una belleza metafísica que no está en el paisaje sino en el exceso de paisaje, en un extremo que el guaje no alcanza. A veces, las palabras son derrotadas por la fuerza rotunda de la realidad, caen en ninguna parte, vencidas peso de su propio vacío.
Desde hace siglos, los exploradores trataron de explicar la Patagonia. ¿Qué era esa estepa inabarcable, de pastos aplastados por el hervor del viento, más allá de la cual se erguían cumbres y lagos que debían ser -así lo creían— el jardín del paraíso terrestre?
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