Es posible encontrar las diversas raíces del minimalismo tanto en el diseño como en la arquitectura. Ello no implica un estilo definido y unidireccional, sino más bien una estética que recibe influencias de distinto tipo.
Ya en los albores del siglo XX surgieron los primeros indicios de un diseño más simple aplicado a los espacios residenciales y su mobiliario. El Nuevo realismo, más tarde conocido como estilo Bauhaus, ejerció una creciente influencia en la arquitectura, el arte y el diseño. El término Nuevo Realismo fue acuñado a partir del hecho que algunos artistas prominentes habían abandonado el llamado Art Nouveau en los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial en Alemania, lo que favoreció un primer período realista que ya por entonces se observaba en la arquitectura y las artes aplicadas. Los signos de esta simplificación formal en las artes aplicadas se hicieron patentes en la gran exposición de las artes aplicadas de Dresde, en 1906. A partir de la fundación de la Alianza Alemana del Trabajo en 1907, se inició un debate cada vez más abierto sobre conceptos como realismo, funcionalismo y estilo funcional moderno, al tiempo que aparecían los primeros indicios de un «diseño industrial». El Nuevo Realismo finalizó al asumir el poder el partido Nazi y su política cultural, lo que empujó a muchos representantes de este movimiento a emigrar a los EEUU. Allí se creó el arte minimal en la década de 1960, que se caracteriza por obras de arte cuya técnica es, en apariencia, sencilla. Los cubos monocromáticos dispuestos de modo uniforme del artista Donald Judd constituyen un buen ejemplo de ello. En la década de 1980, el arquitecto británico John Pawson publicó su libro Mínimum, que influyó decisivamente en el mundo del diseño. Sus exhibiciones son un ejemplo de un estilo influenciado por el budismo zen. La simplicidad se transformó en una filosofía de vida y en una tipología del individuo liberado.
Las tradiciones de diseño de Japón y China ejercieron también su influencia en la arquitectura minimalista. Las casas tradicionales japonesas impresionan por su elegancia espacial, así como por la fluidez que expresan las zonas de tránsito que comunican el interior con el exterior, y por el empleo de unos materiales naturales de superficies no tratadas.
Además del vacío y la elegancia que la caracteriza, la luz juega un papel muy importante en la arquitectura minimalista, y, en cierto modo, es empleada como un material de construcción. Sin embargo, el uso de la luz como material de construcción no se limita a incorporar fuentes de luz natural, sino que incluye elementos de luz artificial que sirven de apoyo a conceptos arquitectónicos. Mediante el empleo profuso de elementos de cristal transparente es posible dirigir la luz hacia el exterior o el interior. De este modo, los temas de transparencia y fachada constituyen la principal preocupación de la arquitectura minimalista. Además del empleo directo de superficies de cristal, algunos arquitectos optan por el uso de elementos semitransparentes y opacos a modo de revestimientos. En cierta medida, los edificios están recubiertos con materiales no transparentes y dispuestos en serie, como la madera, lo que permite dirigir la luz hacia el interior a través de pequeños agujeros. El método de construcción con revestimientos transforma el aspecto de la fachada y le permite abandonar su superficialidad plana para adoptar una estructura individual e interespacial. En las siguientes páginas, se presentan algunas casas que ponen el énfasis en la interrelación con el espacio que las rodea, mientras que en otros proyectos destaca de manera prioritaria la selección de los materiales innovadores, así como la búsqueda de nuevas estructuras. Aunque los puntos de partida sean muy diversos, estos diseños tienen en común la búsqueda de nuevas ideas y de medios de expresión que contribuyan a enriquecer el concepto de minimalismo.
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