Los coches imaginados por el <<commendatore>> Enzo Ferrari siguen siendo indiscutiblemente los más prestigiosos del mundo. Ninguna otra marca ejerce, en todo el planeta, una tan intensa y notable fsacinación. Símbolos de hazañas excepcionales y de creatividad estética, los bellos autos de Maranello han atravesado las épocas, ignorando las modas y desdeñando las crisis económicas, brillando en los más populares circuitos. Han obtenido los títulos de campeones del mundo y redactado las más bellas páginas del deporte automovilístico. Raros son los pilotos que no han buscado la cosagración suprema en los destellantes colores de la Escudería. Desde el coleccionista afortunado que acumula los más raros modelos al muchacho que se queda extasiado ante la exposición de una tienda, todos caen bajo la magia de los Ferrari. A través de esta realidad mecánica y económica, los automóviles Ferrari también han escrito la historia excepcional de un hombre que consagro su vida a la gloria de un caballito que se cría en los alrededores de Módena y que figura desde hace más de medio siglo entre los coches más bellos del mundo.
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