La obra pictórica de Dalí, comprende dos tomos:
I, 1904-1946
II, 1946-1989
A la edad de seis años, Salvador Dalí (1904-1989) quería ser cocinera (!) y a los siete quería ser Napoleón. «Desde entonces, mi vanidad no ha dejado de crecer, lo mismo que mi delirio de grandeza: yo lo único que quiero es ser Salvador Dalí y nada más...» Durante toda su vida, Dalí se esforzó por convertirse en Dalí, es decir, en un «genio», en uno de los artistas más importantes del siglo XX, junto a Picasso y Matisse. Él mismo lo expresó con las siguientes palabras: «¡Oh, Salvador, ahora lo sabes, jugando a ser un genio se llega a serlo!»
Esta es la primera monografía dedicada a la obra pictórica de Dalí que reúne todas sus pinturas conocidas. Sin embargo, no se trata de un mero catálogo en sentido clásico. Aquí, sus obras han sido reproducidas en un contexto coherente y van acompañadas de numerosos documentos de diferentes ámbitos: desde dibujos y escritos que complementan las obras de Dalí, hasta sus variadas contribuciones a otras formas del arte, como por ejemplo el ballet, el cine, la moda, los objetos artísticos y la publicidad. Sin esas «muletas» -un motivo harto frecuente en la creación de Dalí- la obra pictórica no hubiera sido sino una sucesión ordenada de cuadros.
En la primera parte descubrimos al Dalí de las obras tempranas, al joven artista principiante aún desconocido, pero de una asombrosa destreza. EL creador hace juegos malabares con el impresionismo, el puntillismo, el cubismo, el fauvismo, el purismo y el futurismo, es decir, con todos los «ismos» predominantes en las tendencias de moda y que él domina magistralmente. Dalí se divierte con ellos, para abandonarlos después.
La segunda parte de «Salvador Dalí. La obra pictórica» nos da la síntesis de sus investigaciones de toda la vida, una gigantesca herencia artística en cuadros extraordinarios, como La pesca del atún o Torero alu-cinógeno. Aquí pueden descubrirse también las obras hasta ahora no reproducidas de su época tardía, homenajes a Velázquez o Miguel Ángel surgidos de la misma invención que motivaba al otro genio español, Picasso, quien se dedicaba a los grandes maestros del pasado, tal vez con la intención de arrancarles sus secretos. Dalí quería ser inmortal como sus célebres predecesores y, proponiéndose llegar a ser un Velázquez en plena mitad del siglo XX ... ¡llegó a ser un Dalí!
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